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Cómo se destruyen las tendencias innovadoras en las organizaciones

07 Enero 2016 By Jorge Suárez In General
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A pesar de estar muy extendido el mantra de que se debe estar continuamente innovando para ser competitivo en una organización, la innovación no siempre lo tiene fácil para abrirse camino. Y es que dentro de las propias organizaciones encontramos trabas para implantar técnicas innovadoras. En ocasiones tantas que acaban con cualquier afán innovador, cual trama conspiratoria que consigue su fin: asesinar a la innovación.

Definimos innovación como la utilización de una idea que consigue una mejora considerable. Y es que la capacidad innovadora debería ser el fin de todo el personal en cualquier organización, no sólo del departamento de I+D+i. Imaginemos las ventajas que tendría para una organización si todos sus departamentos juntaran esfuerzos para hacer procesos, productos de forma novedosa y mejorada. ¿No sería más ventajoso que si el único departamento innovador es el de I+D?

Pero independientemente de cuántos empleados/departamentos tenemos implicados en innovar todo se puede venir al traste por la actuación de los principales enemigos que hay de la innovación. Son dos tendencias intrínsecas en la naturaleza humana. Conozcámoslas en detalle:

El pensamiento grupal

Sin duda una gran amenaza para cualquier capacidad innovadora. De forma innata se cae en el error a ponerse de acuerdo con los demás miembros de la organización para llevarse bien, coartando de esta forma las tendencias innovadoras. Así se consigue convertir a personas, en ocasiones brillantes e independientes en unos entes dirigidos a un pensamiento único. Se apoya en nuestros instintos más básicos, por lo que luchar contra esta tendencia se convierte en difícil.

Muchas veces se cae en la tendencia grupal simplemente al no describir nuestros puntos de vista de forma más agresiva, expresiva porque temíamos que nuestras opiniones no iban a agradar al resto del grupo. Ese es el primer paso en el que estamos coartando nuestra opinión innovadora dejándose engullir por una corriente grupal que actúa como la fuerza de la gravedad.

El pensamiento experto

Esta otra manera de pensar, el pensamiento experto, nos invita a ir en sintonía con los demás por el hecho de tener éxito o no quedarnos atrás. En este tipo de pensamiento tendemos a entusiasmarnos con ideas de nuestros superiores o por métodos más conocidos. Hablábamos de que el pensamiento grupal actúa como la fuerza de la gravedad, por el contrario, el experto es más bien un agujero negro que no deja alumbrar la luz innovadora.

Y es que todo el conocimiento adquirido evita que tengamos que aprender siempre desde cero. Su principal problema, no obstante, es que muchas veces nos impide descubrir ideas nuevas ya nos hace muy difícil cuestionar sus fundamentos. Dentro del mundo empresarial tenemos muchos ejemplos de oportunidades perdidas por no haber escuchado a personas “inexpertas” Un ejemplo podría ser la irrupción de los pañales desechables. Y es que su producción empezó apenas a principios de los años sesenta. A pesar de que su inventora, Marion O’Brien, había registrado su patente ya en 1951, pasó 10 años intentando convencer a fabricantes para que lo implantaran. La razón que le esgrimían: mejor dejar su desarrollo a personas expertas. Finalmente, en 1960, Victor Mills compró su patente y creó la marca Pampers.

Con todo esto en su contra, la innovación ni lo ha tenido ni lo tiene fácil abrirse camino en todas las organizaciones. Aun así, también evolucionan antídotos contra ese tipo de pensamientos. Pero es ya materia de otro post… Y vosotros, ¿habéis tenido experiencia coercitivas de vuestra capacidad innovadora?

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